"Como dice el periodista Pedro García Cuartango, cuando volvemos a un lugar de la niñez muchos años después no lo reconocemos. Aquello que fue ya ha dejado de existir, tan solo aparece en nuestros recuerdos. El paso del tiempo cambia lugares, personas, sensaciones.
Me ha pasado visitando este lugar, en el que jugaba de niño. Recuerdo domingos enteros bajo el sol primaveral, de carreras y gritos juveniles, rodeado de campo en un círculo perfecto.
Hoy, tan solo queda un pequeño fragmento de metros, deglutido el resto por una urbanización, con un extraño monumento de círculos y antenas en el medio de una absurda rotonda.
Las personas que estuvieron conmigo en este lugar hace ya tantos años están muertas, el lugar está muerto. He dudado por un momento acerca de si yo mismo no lo estaba también.
Y una tremenda sensación de soledad y tristeza me ha invadido, muy profunda, de pérdida irreparable e irremediable, quizás alimentada por el silencio de las calles de una tarde de un día de Reyes como la de hoy.
He sentido intensamente el frío de enero y del paso del tiempo, y he realizado esta fotografía mirando hacia arriba. Porque lo de abajo, lo que está al nivel del suelo, ya no pertenece a mi mundo. Ese mundo hace tiempo que desapareció. Y no hay palabras que puedan expresar la magnitud con la que lo echo de menos."
E.M.














































